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Documental sobre el Diablo

Junio 10, 2009

El Diablo es el principal enemigo de Dios, según las religiones judeo-cristianas. El Libro de Apocalipsis identifica como una sola persona al Satanás del Libro de Job (Job 1:6-8), al Diablo del evangelio de Mateo (Mateo 4:8-10), a la Serpiente Original del Génesis (Génesis 3:1-5) y asimismo, al Gran Dragón de Apocalipsis como un sólo personaje (Apocalipsis 12:9).

A continuación os ofrecemos un interesante documental sobre el Diablo, producido por History Channel. En este reportaje se da una visión de este personaje desde la perspectiva de las distintas religiones y creencias existentes en el mundo, dedicando una parte importante a los exorcismos. El documental se ocupa asimismo de los satanistas y de la creencia en el Infierno. Es realmente interesante y vale la pena verlo completo.

Parte 1

Parte 2

Parte 3

Parte 4

Convención mundial de demonios

Febrero 9, 2009

(Remitido por un lector anónimo con este único comentario: “Se lo mando para que vean cuál es la verdadera estrategia de Satanás y de todos los suyos en este mundo. Ojalá piensen y reflexionen sobre ello”. La verdad es que el tema merece realmente una profunda reflexión. Y por ello no hemos tenido inconveniente alguno en publicarlo).
convenciondemoniosSatanás convocó una Convención mundial de demonios. En su discurso de apertura, dijo: ” No podemos impedir que los cristianos vayan a sus templos.
No podemos impedirles que lean sus Biblias u otros libros que les ayuden a conocer la verdad. Ni tampoco podemos impedirles que formen una relación íntima con su Salvador.
Cuando consiguen esa conexión con Jesucristo, nuestro poder sobre ellos cesa.
Entonces vamos a dejarlos ir hacia sus templos, vamos a dejarlos con los festejos que en ellos organizan, pero vamos a robarles el tiempo que tienen, de manera que no les sobre tiempo alguno para desarrollar una relación con Jesucristo”.

-Lo que quiero que hagan es lo siguiente, dijo el Diablo: “Distraerlos hasta el punto de que no consigan aproximarse a su Salvador”.
-”¿Cómo haremos esto?” -gritaron sus demonios.
Y el Maligno les respondió:

“Manténganlos ocupados en las cosas menos esenciales de la vida, e inventen innumerables asuntos y situaciones que ocupen sus mentes. ¡¡Llévenlos a gastar, gastar y gastar, a pedir prestado, a pedir créditos y que vivan endeudados!! Que la tecnología sea lo esencial en sus vidas. Que no puedan vivir sin su teléfono celular, sin su computadora de última generación, sin su coche, hay que entretenerlos… ¡¡para que no piensen en Dios!!

Persuadan a las esposas para que trabajen durante largas horas, y a los maridos para trabajar 6 a 7 días por semana, durante 10 a 12 horas o más por día, con el fin de que ellos tengan capacidad financiera para mantener sus estilos de vida fútiles y vacíos en los países adelantados, y para sobrevivir miserablemente en los demás países. Generen situaciones que les impidan pasar tiempo con sus hijos. A medida que sus familias se vayan fragmentando, enseguida sus hogares ya no ofrecerán más un lugar de paz para refugiarse de las presiones del trabajo. Estimulen sus mentes con tanta intensidad, que ya no puedan escuchar más aquella voz suave y tranquila del Creador que orienta sus espíritus. Llenen las mesas de todos los lugares con revistas y periódicos. Coloquen televisores en todas partes.

Bombardeen sus mentes con noticias, noticias, 24 horas al día. Invadan sus mentes en los momentos en los que están conduciendo, haciéndolos prestar atención a publicidades diversas y llamativas. Inunden sus buzones de correo con papeles totalmente inútiles, catálogos de ventas por correo, loterías, ofertas de productos gratuitos, servicios, y falsas esperanzas.
Mantengan lindas y delgadas modelos en las revistas y la TV, para que los hombres crean que la belleza externa es lo único importante, y queden cada vez más insatisfechos con sus propias esposas. Hagan que lo único que quieran las esposas sean las telenovelas, los perfumes y la cosmética. Que estén demasiado cansadas para amar a sus maridos por la noche. Si ellas no dan a sus maridos el amor que necesitan, ellos empezarán a buscarlo en otro lugar, y esto, sin duda, fragmentará sus familias rápidamente.

Dénles a Papá Noel, al Viejito Pascuero o a Santa Claus, para que se olviden de la necesidad de enseñar a sus hijos el significado real de la Navidad. Que se venda el huevo de Pascua, y el conejo también, para que no hablen sobre la resurrección de Jesús, y su poder sobre el pecado y la muerte. Hasta incluso cuando se diviertan, distraídos, que sea todo hecho con excesos, con mucho ruido, para que sigan incomunicados y para que al regresar de allí a sus casas, estén exhaustos y no piensen. Manténganlos de tal modo ocupados que ni se les ocurra pasear o estar en la naturaleza, para reflexionar en la creación de Dios. Al revés de eso, mándenlos hacia los centros comerciales y los malls, acontecimientos deportivos, after-office, obras de teatro vulgares, recitales y conciertos y al cine, cuanto más degradante, mejor. ¡Que estén siempre ocupados, ocupados! Y cuando se reúnan para un encuentro, o una reunión espiritual, envuélvanlos en críticas y conversaciones sin importancia, para que al salir lo hagan con la conciencia pesada y las mentes apagadas.

Llenen sus vidas con tantas causas nobles e importantes para defender que no tengan tiempo alguno para hacer un bien real fuera de la rebeldía. En poco tiempo estarán buscando en estas causas las soluciones para sus problemas personales. Que vivan dominados por sus más bajos instintos. A quienes insinúen que todo es una vil manipulación, háganlos pasar por locos, por dementes, por insanos. Y, fundamentalmente háganles creer que todo es natural, que no surge de nosotros, porque… ¡El Diablo no existe! ¡Jajajajajajaja!

-¡Todo esto va a funcionar! ¡Va a funcionar! – gritó finalmente Satanás.

Y todos los demonios lanzaron alaridos escalofriantes de felicidad y partieron ansiosos para cumplir las determinaciones de su astuto jefe.

“Y líbranos del Malo”

Febrero 9, 2009

libranosdelmaloPermítanme los amigos lectores una pequeña reflexión personal. En mis ya lejanos años de monaguillo, don Bartomeu, el anciano sacerdote al que yo asistía en la primera misa de la mañana, en latín y de espaldas a los fieles, me insistió en innumerables ocasiones en que no repitiera las palabras y las frases que me tocaba responder “como si fuera una cotorra”. Lo que en realidad me quería decir era que me aprendiera bien qué era exactamente lo que él estaba diciendo en la Misa y, por supuesto, que comprendiera bien lo que yo le respondía. Yo era entonces un jovenzuelo de 8-9 años, y la mayor parte de las palabras latinas de la misa y sus significados no los terminé de entender realmente hasta que entré a estudiar en el Seminario, donde el Latín era, afortunadamente, el ‘panem nostrum quotidianum’.

Viene esto a cuento porque en numerosas ocasiones, quienes asisten al ritual de sanación espiritual en nuestro consultorio de Santiago, me preguntan porqué (entre otras oraciones) rezo el Padrenuestro en latín. La respuesta que siempre les doy es muy clara: Porque la traducción española que se ha hecho de esta oración no es la correcta. Y como pienso y siento realmente que el tema es importante, voy a tratar de razonarlo aquí.

En lengua española, cuando rezamos el Padrenuestro, hacemos de este modo la última petición: «mas líbranos del mal». En italiano se dice «ma liberaci dal male», y en francés «mais délivre-nous du mal». Pero la encontramos diferente en la lengua latina: «sed libera nos a Malo», es decir: “libéranos del Malo”. El Padrenuestro en lengua inglesa es, asimismo más explícito todavía: “but deliver us from evil”, “líbranos del diablo”.

En algunas versiones del Catecismo católico hemos leído que «en esta petición, el mal no es una abstracción, sino que designa una persona, Satanás, el Maligno, el ángel que se opone a Dios. El ‘diablo’…». De hecho, en algunas versiones de la Biblia aparece claramente «líbranos del Malo» en esa cita del Padrenuestro (Mateo 6, 13); por ejemplo, en la llamada «Biblia Latinoamericana».

¿Qué es más correcto entonces: «líbranos del mal» o «líbranos del Malo»? Don José Antonio Sayés, profesor español de Teología y autor del libro ‘El demonio, ¿realidad o mito?’, afirma que  es un acierto interpretar la frase “líbranos del mal” como “líbranos del Maligno”; Sayés basa su explicación en que “el griego apo tou ponerou utiliza el término masculino, y hay que traducirlo ‘del Maligno’, como dicen todos los exégetas”.

De similar manera opina el exorcista oficial del Vaticano, Gabrielle Amorth, cuando dice:  “El propio Jesús nos enseñó una oración de liberación en el Padrenuestro:  “Líbranos del Maligno. Líbranos de la persona de Satanás”. Esta oración fue traducida mal, y hoy la gente ora, diciendo:  “Líbranos del Mal”. Se habla de un mal general, cuyo origen, en el fondo, no se conoce. Sin embargo, el mal contra el que nuestro Señor Jesucristo nos enseñó a luchar, es una persona concreta: Satanás”.

Sobre esta misma cuestión, el sacerdote José Luis Turiel escribe:  “Esta petición del Padrenuestro, propia del evangelio de San Mateo, es la más difícil de explicar en dos palabras y, al mismo tiempo, la que más explicación necesita. Por otra parte, las traducciones litúrgicas catalana ocastellana no ayudan a entender su verdadero significado. En realidad estas versiones siguen la tradición occidental, que ha visto en la palabra “mal”, cualquier cosa que haga sufrir (en catalán “qualsevol mal”), sea fruto de nuestra responsabilidad, como el pecado, sea consecuencia de la contingencia o debilidad humana… Pero el texto de san Mateo no dice eso exactamente: puede suponerlo, pero dice más. De hecho la tradición oriental, y algunos Santos Padres de occidente, lo entendieron de otra manera. Jesús quería que pidiéramos ser liberados (“líbranos”), no en el sentido figurado u ocasional, como cuando decimos “verse libre de tal peligro o tal amenaza”, sino en el sentido real y propio, es decir, ser liberados de una situación vital que llamamos “esclavitud”, un estado o una existencia que nos envuelve, nos ata y nos impide ser nosotros mismos.

“Por eso -continúa Turiel su acertado razonamiento-, este evangelio no dice “líbranos del mal” (una cosa), sino “del malo” (alguien), es decir, de un tirano que nos sojuzga (Mt 6,13).  Como dice R. Guardini, sufrimos los males y descubrimos que existe “la maldad”, que es su fuente; y a su vez reconocemos que señoreando en ese mundo de la maldad está “el malvado” o “Maligno” (Mt 13,19.38; 5,37): éste es el enemigo del hombre, padre de la mentira, el divisor y acusador, el déspota origen de toda opresión… Lo que pedimos es la libertad”.

Profundicemos un poco más en esta cuestión, porque es realmente interesante. Esta frase sólo aparece en el Evangelio de Mateo y parece querer precisar o aclarar el sentido de la petición anterior (“no nos dejes caer en la tentación”, o más bien “no permitas que caigamos en la tentación”). En la Iglesia primitiva se prefirió traducir aquí “Líbranos del Maligno”, con lo cual esta expresión sonaría literalmente así: «Mantennos apartados de la cosa perversa o del Maligno».

En el Nuevo Testamento se usa el término “Maligno” para designar a Satanás en varios pasajes. Por ejemplo: Sea vuestro lenguaje sí, sí, no, no; lo que pase de ahí procede del Maligno (Mt 5,37). Si uno no escucha el discurso sobre el Reino y no lo entiende, viene el Maligno y le arranca lo sembrado en su mente (Mt13,19). No pido que los saques del mundo, sino que los libres del Maligno (Jn 17,15). Para todo, embrazad el escudo de la fe, en el que se apagarán las flechas incendiarias del Maligno ( Ef 6, 16). El Señor, que es fiel, os fortalecerá y protegerá del Maligno (2Tes 3,3). Os escribo, jóvenes, que sois fuertes, conserváis el mensaje de Dios y habéis vencido al Maligno (1Jn 2, 13-14) El engendrado por Dios lo protege para que el Maligno no lo toque (1Jn 5, 18-19)…

Jesús nos enseña a rezar esta oración en el Sermón de la Montaña, en el capítulo 6 del evangelio de San Mateo. Bien traducida, bien interpretada por los cristianos, se convierte así en un verdadero exorcismo personal. Si observamos distintas traducciones de la Biblia, muchas optan por colocar “Mal” con mayúscula, es decir una fuerza personal (pervertida y pervertidora, decía Pablo VI), otras “líbranos del Malo” y otras “del Maligno”. Como podemos observar y como hacen referencia los exegetas en las notas explicativas a pie de página en las Sagradas Escrituras, en todos los casos se refiere al Diablo, Demonio o Satanás, pidiéndole al Padre que nos libre de él y de sus influencias nefastas.

Fausto

Julio 29, 2008

Fausto es un personaje de ficción, protagonista de varias obras literarias y musicales, inspirado en un mago que se supone que vivió entre el siglo XV y el siglo XVI. Proclamaba que había vendido su alma al diablo para obtener sabiduría. Según se detalla en la Wikipedia, en 1587 el librero Johann Spies, de Fráncfort del Meno, publicó Historia von D. Johann Fausten, de un supuesto autor anónimo proveniente de Espira. Esta versión es conocida cómo «el Fausto de Spies» o Volksbuch (Libro popular). Aunque no se destaca por su calidad literaria, la obra tuvo una gran acogida por parte del público, por lo que pronto fue traducida a otros idiomas. Es considerada la primera manifestación literaria del mito fáustico. En el Volksbuch se narra cómo el Doctor Johann Fausten, teólogo y practicante de magia negra, invoca al Diablo para tratar de someterlo a sus ordenes. Por medio de un pacto, Mefistófeles, demonio súbdito del Diablo, accede a obedecer y dar información de todo aquello que intrigue a Fausto durante veinticuatro años, al término de los cuales el alma de éste será propiedad del Diablo. Durante esos años, Fausto oscila entre los excesos mundanos y el arrepentimiento; sin embargo, el Diablo nunca le permite llegar al arrepentimiento completo, amenazándolo y atemorizándolo, por lo que, pasados los veinticuatro años, Fausto muere de una manera violenta y es llevado al Infierno.

En 1592 (cuatro años después de que Spies publicara la Historia von D. Johann Fausten) Christopher Marlowe (1564-1593, joven escritor contemporáneo de William Shakespeare) escribió el drama The Tragicall History of Dr. Faustus, basado en la traducción inglesa de la Historia. Marlowe siguió al «Fausto de Spies» y envió a su personaje al Infierno. El enciclopedista y escritor alemán Gotthold Ephraim Lessing fue el primero en pensar que el personaje se redimiera, en un drama del que sólo se conoció un fragmento en 1760.

Ese mismo rumbo tomó Goethe en su célebre Fausto. La primera parte de este poema dramático se conoció en 1808; la segunda se publicó póstumamente en 1832. La obra de Goethe es probablemente la más influyente de toda la tradición fáustica, así como una de las obras cumbres de la literatura alemana. Fausto es un hombre sabio insatisfecho por la limitación de su conocimiento e incapaz de ser feliz cuando se le aparece Mefistófeles para ofrecerle los placeres de la vida y realiza con él un pacto en el que accede a venderle al Diablo su alma a cambio de juventud hasta que muera. Juntos recorrerán un largo camino en el que otros padecerán la falta de responsabilidad del personaje principal y que culminará con la muerte de Fausto a una avanzada edad. Algunos de sus temas fundamentales son la juventud eterna, la libertad, la salvación a través del eterno femenino (representado sobre todo por Margarita al final de la obra), las relaciones entre el bien y el mal, la moral, los límites de la naturaleza humana, etcétera.

La película que aquí ofrecemos, Faust, en su versión original alemana con subtítulos en inglés (la copia de mejor calidad que hemos podido encontrar) es un clásico del cine mudo del año 1926, dirigido por F.W. Murnau, quien se basó en los cuentos tradicionales de la figura de Faust recogidos en la versión de los clásicos de Goethe. Es una auténtica obra de arte que en el Templo de la Luz Interior hemos escogido especialmente para todos ustedes. Disfrútenla.

Conociendo al Enemigo (2)

Junio 12, 2008

Algunos demonólogos y estudiosos suelen utilizar la palabra Lucifer como sinónimo del Diablo. Sin embargo otros, entre ellos el padre Gabriele Amorth (exorcista oficial del Vaticano), consideran que Lucifer es un demonio distinto de Satanás, que sería el segundo en dignidad dentro de los ángeles caídos. No obstante, la tradición no ha distinguido entre estos dos términos. Ya Orígenes, en el siglo III, los usa como sinónimos, y nosotros no hallamos sólidas razones para considerar que son dos espíritus y no uno.

En el libro de Tobías aparece el nombre de un demonio: Asmodeo (del persa Aaesma daeva) que significa “espíritu de cólera”.

El nombre de Lilith (Is 34,14) siempre ha sido considerado como una figura demoníaca. En la mitología mesopotámica, ese nombre corresponde a un genio con cabeza y cuerpo de mujer, pero con alas y extremidades inferiores de pájaro. Es muy probable que esté relacionado con “lylh” que significa “noche”.

En Is 13, 21 y Bar 4, 35 aparecen los “seirim” que se podría traducir como los “peludos”; la palabra deriva del hebreo “sa´ir” (‘peludo’ o ‘macho cabrío’). San Jerónimo tradujo esa palabra como “sátiros”, traducción acertada pues esa palabra hebrea designaba a algo así como demonios en forma de machos cabríos. Asimismo, la palabra haría referencia a antiguas entidades demoníacas a las que se tributaría culto: “No sacrificarán más sus ofrendas a los sátiros, tras los cuales se prostituían” (Lev 17,7).

En Ap 9,11 se nos habla del ángel de abismo, cuyo nombre es en hebreo Abaddón y en griego tiene por nombre Apolyon. Abaddón significa “perdición, destrucción”, y Apollyón significa “destructor”.

La palabra griega daimon significa genio (bueno o malo), si bien en el Nuevo Testamento se utiliza sólo para designar espíritus malignos. Con la excepción de He 17, 18, donde se le da el significado genérico de “divinidades”. En el ambiente pagano de la época clásica, los puntos de referencia al hablar del concepto demonio son muy diversos, ya que en ese tiempo estaba muy extendida la creencia en fantasmas, eones, espíritus de la naturaleza, mediadores, almas de ciertos difuntos, genios buenos y genios malos, etcétera.

En los Evangelios, las palabras ‘espíritu inmundo’ y ‘demonio’ se usan indistintamente; así, en Mateo se nos relata que la mujer sirofenicia dice que su hija está poseída del demonio, y en cambio, Marcos dice que tenía un espíritu inmundo. Algunos ejemplos de los distintos nombres con que los evangelistas designan a los demonios son éstos:

-espíritu sordo; Mc 9,25 -espíritu mudo; Mc 9,17 -espíritu impuro; Mc 1,23 -espíritu maligno; Lc 7,21 -demonio impuro; Lc 4,33

En el Evangelio aparece una vez la palabra ‘lunático’ (Mt 17,14). Esta palabra en la antiguedad podía referirse tanto a la epilepsia como a la posesión, y deriva de la creencia de la influencia de la luna sobre los estados de crisis de estas personas.

‘Energúmeno’ es otra forma de designar a los poseídos; procede de la palabra ‘energía’, por la fuerza que desplegaban estos individuos en los estados de crisis.

Luzbel es otra forma extrabíblica de denominar al Diablo.

Mefistófeles es el nombre del demonio que aparece en la obra ‘Fausto’, de Goethe. En las antiguas leyendas germanas aparece este personaje infernal como compañero del doctor Fausto y con el nombre Mefostofies, cuya antigüedad data del año 1587. La forma actual y corriente de este nombre se ha generalizado por la influencia de Goethe. Su etimología más probable es la que se origina de Megistophiel. Ophiel (del griego Apophis, serpiente) era un sobrenombre de Hermes Trismegisto, que en la antigüedad era el patrono de los hechiceros, posteriormente resucitado en la literatura del siglo XVI y clasificado por ésta entre los siete grandes príncipes infernales.

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Información más completa y extensa sobre esta temática puede encontrarse aquí:

Las Legiones Infernales

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Si tiene usted problemas y no halla una explicación lógica o ‘normal’ a lo que le está sucediendo.
Si siente o se da cuenta usted de que no puede superar una etapa o situación negativa de su vida, a pesar de haber hecho todo lo posible para conseguirlo.
Si padece usted alguna enfermedad del alma o del espíritu de la que no consigue mejorar ni sanar, a pesar de seguir los tratamientos de la Medicina convencional.
Si considera usted que, por algún motivo, razón o circunstancia, pudiera haber sido o estar siendo víctima de un ‘trabajo’, maleficio, mal de ojo, hechizo, brujería o similar…
Póngase en contacto con nosotros a través del mail: eltemplodelaluzinterior@yahoo.com
Le ayudaremos a resolver su problema y a revertir su situación negativa, con eficacia, seriedad y profesionalidad.

Conociendo al Enemigo (1)

Junio 10, 2008

Generalmente, suele creerse que las palabras diablo y demonio son sinónimos, y como tales los usa el común de la gente. Pero en la Sagrada Escritura estas dos palabras no aparecen como sinónimos. Por lo que dice la Biblia del Diablo, éste es un espíritu muy superior al resto de jerarquías demoníacas. La palabra Diablo, o Satán, o Beelzebub, siempre es usada en singular, así como sus otras denominaciones equivalentes (la Serpiente, el Dragón, etcétera). Mientras que la palabra demonio aparece unas veces en singular y otras en plural.

La palabra hebrea Satán significa ‘adversario’. Su traducción al griego es ‘Diabolos’, de la raíz dia-ballo, que significa ‘dividir’. Por tanto, el significado de Diablo sería ‘quien pone división’, y su sentido derivado sería ‘calumniador’. En árabe, la palabra Satán significa ‘macho cabrío’.

Belial o Beliar, de la raíz asiria Baal que significa ‘el señor’, es otra forma de nombrar a Satanás en el Nuevo Testamento. El símbolo de Baal es el toro; y frente a la ferocidad del toro, o del macho cabrío, se contrapone la mansedumbre del cordero, símbolo de Jesucristo.

Beelzebu (o Beelzebub) significa ‘príncipe del estiércol’, o ’señor de las moscas’. Si unimos la palabra aramea be´el (que significa ’señor’) con la palabra hebrea zebul (que significa ‘casa’) sería entonces ’señor de la casa’.

Además de las ya citadas, el Diablo aparece en las Sagradas Escrituras con las siguientes denominaciones: el Acusador, el Enemigo, el Tentador, el Maligno, el Asesino desde el principio, el Padre de las mentiras, el Príncipe de este mundo, la Serpiente.

Lucifer es una denominación que no se halla en la Biblia, y significa ‘estrella de la mañana’. La simbología es que las estrellas representan a las naturalezas angélicas, la luna a la Virgen María, y el sol -el astro rey- representa a Dios. El día primero de la creación, en que se separa la luz de las tinieblas, la luz representaría la creación de los ángeles bienaventurados, mientras que la noche simboliza la defección de los ángeles rebeldes. Satanás sería el lucifer, es decir, la estrella primera que anuncia la noche, la primera defección que apareció en el cielo crepuscular. De ahí que el nombre de Lucifer le conviene por la belleza de la estrella que corresponde a su naturaleza angélica superior a las otras, y por ser la primera estrella del crepúsculo. Algunos traducen erróneamente la palabra latina lucifer como ‘el que lleva la luz’, pero eso es un error, ya que ese significado corresponde a la palabra luciferarius.

Este nombre de Lucifer se le aplicó a Satanás cuando algunos Santos Padres se dieron cuenta de que las palabras del profeta Isaías convenían perfectamente al Diablo, la estrella de la mañana que cayó desde los cielos por su orgullo:

¿Cómo has caído del cielo,
astro rutilante,
hijo de la aurora,
has sido arrojado a tierra,
tú que vencías a las naciones?
tú dijiste en tu corazón: el cielo escalaré,
por encima de las estrellas de Dios elevaré mi trono. (…)
Por el contrario, al seol has sido precipitado.

-Isaías 14, 12-15

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¿Se puede pactar con el Diablo?

Abril 26, 2008

“Quiero saber qué hay de cierto en eso de que se puede hacer un pacto con el diablo. Julio T. R. – Santiago”

Desde el principio de los tiempos el hombre siempre ha estado dispuesto a negociar con los dioses y los espíritus, incluso con aquellos de naturaleza malvada, con el fin de hacer su estancia “terrenal” más llevadera. Pactos y ofrendas para conseguir riqueza, poder, salud, bienestar, sexo o fama. Aunque en la mayoría de los casos, la entidad maligna solicita el alma eterna de la persona para conseguirle sus peticiones.

El hombre siempre ha temido lo imprevisible de su vida, el poco control que puede ejercer sobre el futuro y ha valorado el presente por encima del pasado y del futuro. No es extraño por tanto que desde los inicios de la civilización y con el propósito de tener lo que se desea, muchas personas hayan pactado con cualquier tipo de espíritu maligno, aún con el riesgo de una vida eterna cargada de sufrimientos.

Las personas que tradicionalmente tratan de realizar pactos de este tipo suelen creer que Dios les ha abandonado y no encuentran alicientes en su vida para continuar; normalmente gente de escasos recursos económicos que cansados de su pobreza deciden pactar con el diablo para llevar una vida de riquezas, individuos que aman a alguien que no les corresponde o con afán de protagonismo y que no puedn tolerar el anonimato de su vida y por consiguiente buscan además de dinero la fama o cualquier otro tipo de pacto que repercuta de una forma inmediata en la mejora de su vida terrenal.

Si bien los pactos satánicos no siempre se dan de esta forma, en ocasiones es el mismo Diablo quien, conocedor de la vulnerabilidad de una persona, se le ofrece a acabar con esa vida de sufrimiento prometiéndole una de riquezas y sin ningún tipo de limitación. El Diablo suele presentarse de esta forma tentadora a personas especialmente ambiciosas pero de corazón puro, su intención es adueñarse con certeza de un alma que, siguiendo una vida normal, no tiene un destino eterno aún definido.

El futuro de alguien que pacta con el Diablo no es muy alentador, pues conoce con certeza que deberá sufrir eternamente en el Infierno. Esto hace pensar: ¿Cómo alguien, a sabiendas de su destino final en el Averno, puede pactar por tan sólo unos años de “felicidad”? Existen dos posibles razones: 1.- Un grupo de personas pactarían con la intención, tras una vida llena de éxitos gracias a los beneficios de vender su alma, de romper el pacto y traicionar al Diablo tratando de volver a la luz. Asimismo en libros como el Gran Grimorio se habla de poder obtener los beneficios de los ángeles caídos o demonios siempre bajo la protección de espíritus del bien (ángeles y arcángeles), mediante la amenaza a esos demonios de enviarles a dichas entidades para que les atormenten. Sin embargo, no resultaría fácil engañar a Lucifer, al fin y al cabo, se trata del Ángel más perfecto de la creación y probablemente sea el quien acabaría ajustando el pacto a sus intereses. 2.- La otra posibilidad es que, conocedores del valor que otorga su alma el mismo Diablo, incluso para presentárseles en persona, piensen que éste les tiene guardado un puesto de honor en el Infierno.

Los rituales para pactar con el Diablo y vender el alma varían mucho dependiendo de las fuentes. Desde luego éste no es el lugar para dar detalles de esos rituales, ni seremos nosotros quienes los expliquemos, a pesar de tener amplios conocimientos sobre ellos. Lo que sí haremos, para dar información al lector que nos ha escrito, Julio T. y a los demás lectores que puedan estar interesados, será mencionar algunos de los libros que, según los entendidos, muestran con mayor detalle los pasos del ritual o pacto por el que se vendería el alma al Diablo.

- El Gran Grimorio está considerado como uno de los libros más autorizados en lo concerniente a los pactos diabólicos. Resulta difícil, como ocurre con todos los grimorios, datar la fecha de su redacción, al no haberse localizado ningún manuscrito anterior a la fecha de su impresión, que ocurrió en el siglo XVIII. Atribuido “oficialmente” a Antonio del Rabino, un mago veneciano que afirmaba haber redactado la obra basándose en textos autógrafos del mismísimo rey Salomón (Hijo de David y profeta del Antiguo Testamento), en el Gran Grimorio se especifica con detalle como invocar y pactar con Lucifer Rofocale. Consciente de los riesgos que encerraría el pacto con el diablo, el Gran Grimorio incluye toda una serie de cláusulas llenas de dobles sentidos, triquiñuelas y escapatorias, que permitan burlar al diablo cuando éste se presente para reclamar su parte en el pacto. Al fin y al cabo, toda una eternidad de tormentos inenarrables, a cambio de unos pocos años de beneficios materiales, no son un buen negocio para nadie.

El Diablo, en sus múltiples formas y apariencias, puede presentarse y tentar a aquellas almas que dudan ofreciendo bienes materiales a cambio del alma del que pacta. Uno de los rituales incluido en el Grimorium Verum (como ocurre en el Gran Grimorio) se dedica especialmente a la venta del alma al Diablo. Y como en el citado Grimorio, se especifica que los demonios “no dan nunca nada a cambio de nada”, aludiendo a la necesidad de ofrendas y sacrificios rituales, siempre de animales. El Grimorium Verum inicia su primera parte enumerando los tres principales demonios con los que se puede pactar: “Lo primero que debes saber es que existen tres potencias. Lucifer, Belcebú y Astaroth”. Detallando a continuación como han de confeccionarse correctamente todos los elementos y herramientas del ritual: el pergamino virgen, las varas mágicas, el cuchillo de sacrificios, la lanceta, etcétera…

- El Grimorium Honorii Magni (o Libro del papa Honorio el Grande) se ha considerado el más “diabólico” entre todos los Libros Negros; probablemente porque, a diferencia de otros Grimorios, más limitados a la magia cabalística (judía), en esta obra se muestran importantes influencias cristianas, que a juicio de las autoridades eclesiásticas agravan aún más el carácter blasfemo de la obra. Publicado por primera vez en latín, en Roma, en el año 1629, es conocido especialmente a partir de una traducción francesa de 1670, y atribuido al papa Honorio III el Grande, sucesor de Inocencio III, que reinó entre el 1216 y el 1227. Según la cita evangélica, Jesús dijo al primer Papa: “Tu eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Y te daré las llaves del Reino de los Cielos y cualquier cosa que atares en la tierra será atada en el Cielo” (Mateo 16, 18). En esta cita, en la que se sustenta en buena medida la autoridad del Magisterio de la Iglesia Católica, se pretende justificar el supuesto poder del Papa para dominar a los demonios, y para decidir en la tierra cuestiones que afectan también al mas allá.

- En España, sin duda uno de los libros prohibidos más populares, que todavía hoy circula en algunos ambientes esotéricos -y del que poseemos un antiguo ejemplar-, es el Gran Libro de San Cipriano. Este Grimorio, en el que también se especifica con detalle el ritual de invocación a los demonios y los pasos del pacto satánico, generó todo tipo de leyendas. Entre las meigas -brujas- gallegas (que “haberlas haylas”), se rumoreaba que existía una copia de este libro legendario encadenada en los sótanos de la Catedral de Santiago de Compostela. Ediciones menores y fragmentos sueltos eran atesorados por algunos esoteristas gallegos, o del resto de España, como un auténtico tesoro mágico. “El Ciprianillo” todavía hoy es consultado por algunos videntes, ocultistas y brujos contemporáneos.

- “Rituales satánicos”, de Anton Szandor LaVey. Ediciones Martínez Roca, 1975. Como bien dice LaVey, “el culto a Satán no es una exclusiva católica, y en todos los pueblos del mundo ha existido un Lado Oscuro, y grupos de rebeldes al poder que le han rendido culto”. De esta forma, Anton LaVey incluye en su recopilación de “rituales satánicos” ceremonias, por ejemplo, de los Yezidies islámicos, una secta que adora al Shaitán (demonio árabe) del Corán, y que realiza sangrientos rituales de sangre en sus tenebrosos cultos; o los Khlysty rusos, vinculados al siniestro Rasputín, y feroces enemigos “satánicos” de la cristiana iglesia ortodoxa.

- “Práctica de Conjurar”, de Fray Luis de la Concepción, Editorial Humanitas, 1983. En este extenso libro-manual de magia, se detallan diferentes formas de invocar a las fuerzas de la naturaleza, espíritus y demonios, incluyendo también las precauciones que ha de tomar el mago en cada caso.

Incluso algunos de los más devotos satanistas señalan los riesgos que entrañan este tipo de ceremonias. El pacto satánico, dicen, no es un juego para curiosos, sino un compromiso para toda la eternidad. Quien vende su alma al Diablo es víctima de su propia debilidad y ambición, y no vacila para lograr sus deseos en vender su alma al diablo, sin importarle las consecuencias, sabiendo que en algún momento tendrá que pagar su deuda. Así es que termina perdiendo todo y condenando su Ser, destruyendo su vida y todo lo que más amaba. El precio de vender el alma es muy alto; el comprador es implacable y paciente para cobrar y devorar a sus víctimas. La tentación es grande, pero el precio a pagar nunca es barato.

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Si tiene usted problemas y no halla una explicación lógica o ‘normal’ a lo que le está sucediendo.
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Si padece usted alguna enfermedad del alma o del espíritu de la que no consigue mejorar ni sanar, a pesar de seguir los tratamientos de la Medicina convencional.
Si considera usted que, por algún motivo, razón o circunstancia, pudiera haber sido o estar siendo víctima de un ‘trabajo’, maleficio, mal de ojo, hechizo, brujería o similar…
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El poder del Maligno

Abril 26, 2008

“¿Es verdad que el diablo, o el maligno, o como se le quiera llamar, sigue haciendo de las suyas en este mundo en el que vivimos los seres humanos? A mí me cuesta creerlo… Espero puedan responderme. Soy un joven estudiante de 17 años y en casa me han enseñado que el diablo no existe. Antonio B.L.-Santiago”.

Lamentablemente tenemos que decirte, Antonio, que en tu casa, tus padres o tutores o quien sea que te haya dicho eso, está por completo equivocado. Claro que existe, y claro que “sigue haciendo de las suyas”. Se lo estamos poniendo muy fácil entre todos, con tanta envidia, tantos malos deseos, tanta crueldad…

Sí, Antonio, el ángel caído sigue entre nosotros porque no ha perdido nunca del todo el poder que tenía, según el plan de Dios, en el gobierno del mundo. Ahora utiliza este poder para el mal. El Evangelio de Juan le llama: «El príncipe de este mundo» (Jn 12,31) y en la primera carta también de Juan se lee: «El mundo entero yace en poder del Maligno» (1 Jn 5,19). Pablo habla de nuestra batalla contra las potencias espirituales (Cf. Ef. 6,10-17). Podemos también remitirnos al Apocalipsis. Tenemos que combatir contra fuerzas del mal no sólo humanas, sino sobrehumanas en su origen e inspiración: basta con pensar en Auschwitz, en las masacres de pueblos enteros, en todos los horrendos crímenes que se cometen, en los escándalos de los que son víctimas los pequeños y los inocentes, en el éxito de las ideologías de muerte, etcétera.

Es oportuno señalar aquí que el mal del pecado es realizado por una voluntad libre. Sólo Dios puede penetrar en el corazón profundo de la persona; el demonio no tiene el poder de entrar ahí. Actúa sólo en el exterior, sobre la imaginación y sobre los afectos humanos más sensibles. Además su acción está limitada por el permiso de Dios omnipotente. El diablo actúa generalmente a través de la tentación y el engaño, es mentiroso (Cf. Jn 8,44). Puede engañar, inducir al error, ilusionar y, probablemente más que suscitar, puede secundar los vicios y los gérmenes de vicios que están en nosotros. En los Evangelios sinópticos, la primera aparición del demonio es la tentación en el desierto, cuando somete a varias incursiones a Jesús (Cf. Mt 4,11 y Lc 4,1-13). Este hecho es de gran importancia. Jesús curaba enfermedades y patologías. Se refieren en conjunto al demonio, porque todos los desórdenes que afligen a la humanidad son reducibles al pecado, del que el demonio es instigador. Entre los milagros de Jesús hay liberaciones de posesiones diabólicas, en el sentido preciso. Vemos en particular en San Lucas que Jesús manda a los demonios que le reconocen como el Mesías.

El demonio es mucho más peligroso como tentador que a través de signos extraordinarios o manifestaciones exteriores asombrosas, porque el mal más grave es el pecado. No por casualidad en la oración del Señor (Padrenuestro) pedimos: “No nos dejes caer en la tentación y líbranos del Mal” (En algunas versiones antiguas de esta oración se decía: “Libranos del Malo”, en referencia directa a Satanás). Santo Tomás y San Juan de la Cruz afirman que tenemos tres tentadores: el demonio, el mundo (lo reconocemos ciertamente en nuestra sociedad) y nosotros mismos, o sea, el amor propio. San Juan de la Cruz sostiene que el tentador más peligroso somos nosotros mismos porque nos engañamos solos.

No se puede considerar el exorcismo como la única defensa contra la acción del demonio, sino como un medio espiritual necesario donde se ha constatado la existencia de casos específicos de posesión diabólica. Además hay que considerar que presuntos casos de posesión pueden ser explicados por la medicina actual y la psiquiatría, y que la solución a determinados fenómenos puede consistir en un buen tratamiento médico. Cuando se manifiesta en la práctica un caso difícil, es necesario ponerse en contacto con un psicólogo/psiquiatra -preferentemente si tiene formación católica- y con un exorcista.

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