En distintas ocasiones, lectores y comunicantes se han dirigido a nosotros para expresarnos su curiosidad por el hecho de que en nuestra actividad usemos nombres privados, o seudónimos, y no los nuestros auténticos. Las consultas sobre esta cuestión se han multiplicado desde que uno de los autores y responsables de este blog dejó de usar su seudónimo de ‘Profesor Arkane’ (que a muchos les sonaba extraño, confuso o difícil de pronunciar), para cambiarlo por el actual ‘Profesor de Santantoni’.
El nombre es un poderoso medio de exorcismo y es la base de muchos encantamientos. Saber el nombre “verdadero” es tener el Poder del Nombre. Hay un nombre público para uso general, pero luego hay otro nombre, esotérico e íntimo (generalmente conocido como seudónimo), para usar únicamente en determinadas ocasiones, como es nuestro caso aquí en nuestras actividades públicas en ‘El Templo de la Luz Interior’.
El poder del nombre tiene íntima relación con la creencia general en la fuerza creativa del sonido. Como dice el Libro Sagrado: “En el Principio era la Palabra (el Verbo) y la Palabra era Dios”. El nombre verdadero otorga poderes mágicos sobre el alma y, en algunos casos, casi se considera como sinónimo del alma o del espíritu.
Por todo lo mencionado y por muchas más razones que explicamos detenidamente en el artículo “El Poder del Nombre” (en la categoría ‘Magia blanca y alta magia’), y dado que en nuestro caso trabajamos con magia y por tanto con ritos, palabras de poder y nombres, y sabiendo como sabemos que se puede dañar a cualquier persona con el poder del nombre, es completa y absolutamente necesario que en nuestra vida y ámbito profesional utilicemos nuestros nombres privados, o seudónimos.